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4. 11. Estilos de gestión de una cartera

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  • Gestión pasiva. En sentido estricto, la gestión pasiva consiste en determinar la composición de una cartera en el momento de constituirla, sin que posteriormente se tome ninguna decisión para alterar esta composición inicial. El término se emplea actualmente para describir un tipo de gestión por el que se elige una referencia para la cartera en el momento de su constitución y se replica la composición de aquélla en cada momento del tiempo. La referencia suele ser habitualmente un índice representativo de un mercado determinado, y así se habla de "fondos o carteras indiciados".

Un ejemplo de gestión pasiva sería la creación de una cartera referenciada al IBEX 35 o al Standard&Poor's 500. En el momento de su constitución se comprarían los valores que se incluyen en el índice en las proporciones que tienen en él, y los cambios en esta composición se deberían exclusivamente a los que ocurrieran en el índice, sin que los gestores realicen ninguna operación de acuerdo con sus expectativas. También es gestión pasiva la práctica habitual de comprar una serie de valores y mantenerlos en nuestra cartera de manera permanente, vendiéndolos sólo cuando haya finalizado nuestro horizonte de inversión.

  • Gestión activa. La gestión activa consiste en ajustar en cada momento la composición de la cartera a las expectativas que tenga el gestor sobre la evolución del mercado en su conjunto y de valores determinados, de modo que, de realizarse éstas, se obtengan resultados positivos.

Esta estrategia de gestión requiere un seguimiento constante de los mercados y de los títulos individuales negociados en ellos, así como el uso de técnicas de análisis (tanto análisis técnico como análisis fundamental ) y, en general, de cualquier herramienta que apoye la selección de valores concretos en cada momento.

Gestión pasiva

La elección de este estilo de gestión se apoya fundamentalmente en los estudios sobre la eficiencia de los mercados y sus consecuencias en los rendimientos de las carteras, aunque hay razones adicionales que lo justifican:

eficiencia de los mercados

Si los mercados de valores son eficientes, no se podrán obtener de manera sistemática rendimientos superiores a los del mercado en su conjunto. Períodos en los que se supere la rentabilidad de la cartera de mercado podrán ser seguidos por otros en los que ésta no se alcance. Puesto que el rendimiento que debemos esperar de una cartera correctamente gestionada durante un horizonte relativamente largo es el del mercado, realizar estrategias distintas no nos proporcionará beneficios significativos, pero sí correremos el riesgo de no alcanzar ni siquiera dicho rendimiento. De ese modo, lo menos arriesgado es replicar la cartera de mercado desde el principio.

A favor:

  • En el largo plazo todo revierte a la media.
  • Estadísticamente, se demuestra que mucho más del 50% de los gestores de fondos, en el medio plazo, no baten al mercado.

En contra:

  • Un famoso gestor de Fidelity superó en rentabilidad durante 11 años seguidos al S&P500.

minimizar gastos de intermediación

Muy relacionado con el argumento anterior, cualquier gestión que implique reajustar periódicamente la cartera ante cambios en nuestras expectativas o en la evolución del mercado lleva aparejados unos gastos como consecuencia de las comisiones de los intermediarios financieros. Si, en cualquier caso, no vamos a obtener un rendimiento superior realizando estas operaciones, el gasto en comisiones debe ser reducido al mínimo.

facilitar la toma y la cobertura de riesgos

Puesto que los productos derivados más líquidos son aquellos que se negocian sobre determinadas referencias de los mercados, resultará más sencillo cubrir los riesgos de la cartera si ésta se ajusta a la composición de los índices. Igualmente, tomar posiciones en el mercado podrá hacerse fácil y eficientemente empleando estos mismos derivados.

Gestión activa

La única justificación válida para este estilo de gestión es la obtención sistemática de rendimientos superiores ("batir al mercado") a los de la referencia más indicada para la comparación. Al igual que hay numerosos estudios académicos que afirman la eficiencia de los mercados en distintas modalidades, también están documentados casos de profesionales y de estrategias de inversión que obtienen rendimientos sistemáticamente mayores que los de las referencias.

Además, es necesario tener presente que la gestión activa resulta más arriesgada, puesto que existe la incertidumbre sobre si se logrará batir al mercado o, por el contrario, no se alcanzará el rendimiento de éste. Con esta perspectiva, la obtención de rendimientos superiores no hace sino remunerar este riesgo adicional.

¿Por qué elegir un estilo u otro?

La elección entre los estilos de gestión propuestos dependerá fundamentalmente de nuestro perfil inversor , puesto que esencialmente consiste en elegir entre dos alternativas con distinto nivel de riesgo.

Concretamente, la gestión pasiva debe proporcionarnos una rentabilidad muy próxima a la de la referencia de la cartera (por ejemplo el IBEX), obtenida asumiendo un riesgo similar. En cambio, la gestión activa debe proporcionarnos una rentabilidad superior. Cabe esperar que el riesgo también sea mayor, aunque un gestor especialmente hábil podría conseguir estos rendimientos sin asumir riesgos adicionales.

¿Podemos realmente elegir?

En general, los gestores profesionales suelen adoptar un estilo de gestión mixto, fijando una referencia para la cartera y tomando posiciones en función de sus expectativas. En caso de que no se tenga una visión concreta sobre el comportamiento del mercado, se replica la referencia elegida. Así se intenta conciliar las características positivas de ambos estilos: la seguridad y la posibilidad de batir al mercado, y se justifica la necesidad de contar con un gestor profesional, lo que resulta difícil si éste se limita a seguir pasivamente un índice determinado.

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